Construir caminando: Francis Alÿs y el paseo urbano

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN MARTINA DEREN | 3 DE DICIEMBRE DE 2012

“Tan necesarias como el agua o el aire que se respira, las calles son los corredores del alma y de las oscuras trayectorias de la memoria”.

Paul Virilo.

Francis Alÿs lleva años recorriendo ciudades. Puede ser Mexico (donde actualmente vive) Londres, Jerusalén o Dinamarca. Cualquier lugar es suceptible de ser interpretado desde la óptica del camino artístico.

Alÿs es consciente de ello: el paseo es su arma de intervención político- estética. No pasea por placer, ni por diversión, está muy lejos de aquellos paseos parisinos (Baudelarire) londinenes (Virginia Woolf o Allan Poe) o también berlineses (Franz Hessel). No es un observador- escritor que traslada los acontecimientos urbanos al papel. Sus paseos están más bien cargados de una veladura ácida, de un cuestionamiento crítico.

Sin embargo, la elección del paseo como reflexión sociológica encierra ya un planteamiento poético: en el momento en que la ciudad se convierte en laboratorio de experimentación, se convierte también en una suerte de laberinto que obliga al “ homo lundens” a recorrerla y perderse, como si “sólo el hecho de torcer a derecha o a izquierda constituyera ya un acto esencialmente poético”. La ciudad se convierte así en el centro de operaciones, zona de flujos, de relaciones, de interconexiones.

La ciudad es la protagonista de las caminatas de Alÿs. Pero es esa ciudad que cada día recorremos sin apenas inmutarnos. La mayoría de nosotros inicia su trayecto diario sin una consciencia absoluta del desplazamiento automático que nos lleva al lugar de destino. Podemos ser sombras grisáceas que se mueven a merced de los flujos continuos del tránsito masivo. Metros, estaciones, plazas. 

Lugares del afuera, que se han convertido en puntos centrales de la articulación de nuestras necesidades cotidianas. Lugares que se repiten en el discurrir de la vida diaria, donde apenas prestamos atención a los detalles de los acaeceres cotidianos, a los símbolos, las huellas, los rastros urbanos que forman un conjunto de signos, mensajes encriptados, invisibles retales del tejido urbano. Sin embargo, Francis Alÿs, entre otros artistas, literatos o teóricos, han querido ver toda una suerte de estudio y experimentación que tiene la ciudad como su mayor laboratorio de operaciones. 

Puedes leer la noticia al completo aquí. 

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¿Prefieres caminar o conducir? La respuesta puede decir bastante sobre tu inteligencia

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PUBLICADO ORIGINALMENTE EN BBC | 19 DE SEPTIEMBRE 2012 

Es una de esas relaciones estadísticas que a primera vista parecen poco plausibles.

Pero un informe publicado en junio de este año relacionó el caminar con un mayor coeficiente intelectual. Al menos en Estados Unidos.

El estudio sostiene que las áreas metropolitanas del país con más zonas peatonales suelen tener un Producto Interno Bruto (PIB) más alto y sus ciudadanos están mejor educados.

La investigación, realizada por Smart Growth America —un organismo con base en el Distrito de Columbia, EE.UU.— analizó las 30 áreas metropolitanas más grandes de Estados Unidos y las clasificó según la cantidad de oficinas, comercios y áreas residenciales propicias para caminar.

El fin de la dispersión urbana está cerca“, sostiene la nota de prensa emitida por los autores del estudio.

“Por primera vez en 60 años, los lugares urbanos transitables en las 30 áreas metropolitanas más grandes están ganando cuota de mercado sobre sus competidores suburbanos, en donde se circula más en automóvil”.

 

Puedes leer la noticia al completo aquí. 

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Una acera fantasmal

publicado originalmente en LA VANGUARDIA | 23 DE ENERO 2018

Uno encuentra en Barcelona muy pocas aceras tan pequeñas como la de la calle Montevideo, en el barrio de Pedralbes, junto al monasterio. Y la gente que vive por los alrededores aún no entiende por qué el Ayuntamiento se empeñó en construir allí otro carril bici por donde nadie pedalea en lugar de ampliar el ridículo espacio del pavimento destinado al peatón. La anchura de la acera siquiera alcanza el medio metro en sus tramos más desahogados, dos personas no tienen modo de caminar a la par, en un punto especialmente incómodo, al pasar junto a un árbol, uno no tiene más remedio que andar de costado y destilar una buena flexibilidad o meterse en la calzada.

“Nosotros estamos a favor de la implantación de carriles bici, entendemos que son el futuro de la movilidad –asegura Luis Sanglas, de la asociación de vecinos del barrio–, pero el de la calle Montevideo no aporta nada, no cumple ninguna función, no tiene usuarios… Es como el de la calle Ganduxer, un carril fantasma”. Se trata de una infraestructura de apenas 220 metros que nace en la avenida Espasa y cuya principal utilidad es acercar un tanto a la trama urbana el carril bici de Gaspar Cassadó, el que sube de un modo muy lúdico hacia Can Carelleu. Y la verdad es que desde su puesta en marcha el pasado verano no puede decirse que haya convencido a muchos conductores de la zona de que, aunque sea de vez en cuando, se lo piensen dos veces antes de coger el coche. Al final la nueva infraestructura acaba convirtiéndose en una zona de carga y descarga clandestina. Tampoco se ve a nadie caminando por la zona.

Puedes leer el texto completo en el diario La Vanguardia. 

Siéntate: una revisión desenfadada del espacio público a través del banco

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN BCN MÉS | 13 DE JULIO DE 2016

Tú has pensado qué hace tu cuerpo en la calle?”, esta es la primera pregunta que Leónidas Martín, del colectivo de activismo creativo Enmedio, me espeta cuando le pregunto por la salud de la vida en las calles de Barcelona. Él mismo se responde: “Desplazamiento, producción o consumo. No hay otra. Parece ser que hay una lógica que responde a ello: cuanta más movilidad, más producción y más consumo. Cuanto más quieto está un cuerpo, menos producción y menos consumo. Nosotros decimos: ‘Y más disfrute’”.

En el año 2006 se realizó por encargo del Ayuntamiento La U urbana. El libro blanco de las calles de Barcelona, un estudio exhaustivo de las calles y los elementos de la ciudad. Esta investigación esperaba definir una guía práctica de diseño y emplazamiento. Para ello contó con el análisis de técnicos y expertos de diferentes ámbitos, además de recoger la opinión de los ciudadanos. El análisis específico de los bancos públicos permitía saber que en Barcelona existían 28.073 unidades contabilizadas y recomendaba tener especial cuidado con la colocación de grupos o parejas de bancas individuales para evitar generar relaciones anómalas entre los usuarios. Las demandas ciudadanas exigían más unidades, especialmente en determinados lugares, criticaban la colocación de los bancos individuales (demasiado separados, de espaldas o alejados de otros elementos de interés…), se reivindicaban bancos para las personas mayores, para descansar y para relacionarse, pero también como lugares de encuentro de los jóvenes, además de la previsión de que mientras existiera gente viviendo en la calle estos iban a ser usados para dormir.

Diez años más tarde hay voces, como la de Adriana Ciocoletto, del colectivo Punt6, que lleva años estudiando el espacio público y los elementos que lo constituyen desde una perspectiva de género, que consideran que no solamente no se ha puesto solución a estas cuestiones sino que además han desaparecido bancos que promovían el encuentro, el descanso, el comer en la calle, el dar la merienda, las actividades de cuidado en el espacio público…

¿Sufren las calles de Barcelona y, por ende, quienes las habitamos, las consecuencias de una lógica que pone por encima de los intereses y necesidades comunitarios los imperativos de la lógica económica? ¿Afecta esta a los elementos que configuran el espacio común explicando, por ejemplo, la escasez de bancos cómodos o la presencia creciente en los últimos años de sillas individuales? ¿Cuál es la sensibilidad de los barceloneses respecto a estas cuestiones? En opinión de la arquitecta Andrea Robles, del estudio Recooperar, las generaciones más jóvenes hemos sustituido, sin cuestionarlo demasiado, la costumbre de relacionarnos sentándonos en un banco público, que nuestros abuelos aún conservan, por la de ir a consumir a la terraza de un bar. Este cambio ha sido potenciado por la proliferación de las terrazas desde la aplicación de la ley antitabaco que ha hecho de estas, junto con el transporte privado, el principal elemento privatizador del espacio público en la ciudad.

Pots llegir l’article al complert aqui.

 

Buena gente que camina

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL PAÍS | 27 DE ABRIL DE 2015 

Escribo este texto mientras camino. Nada extraño: la mayor parte de mis novelas, artículos y conferencias las he escrito andando, a veces corriendo, incluso pedaleando. Tampoco soy muy original, uno más de la legión de escritores que un día descubre que la mente funciona mejor a cuatro kilómetros por hora, que la cadencia de los pasos acaba siendo ritmo narrativo y el paisaje tira del hilo de la memoria. Caminando uno espera que, como a Virginia Woolf paseando por Tavistock Square, le venga la inspiración decisiva para escribir Al faro. Adoro esa imagen de Sánchez Ferlosio apoyándose en los techos de los coches para anotar ese pensamiento que surgió de pronto. Y que se lo pregunten a los poetas, que deambulan más que nadie (cuenta Solnit que Coleridge abandonó el verso libre cuando dejó de andar).

Escribo mientras camino, ya está dicho. Más inusual es que una lectura me haga andar, que avanzar por las páginas de un libro me ponga en movimiento en el espacio y el tiempo como lo hace el ensayo de Rebecca Solnit.

Desde las primeras páginas de Wanderlust, eché a andar y ya no paré. Atravesé paisajes salvajes, acompañando a los pioneros de la caminata dos siglos atrás, aquellos que inauguraron la idea romántica y todavía vigente del paseo como liberación y como experiencia estética, y que acabaron cuestionando la propiedad privada (las puertas al campo, para nada metafóricas). Párrafo tras párrafo incursioné con ellos en bosques y desiertos, ascendí montañas por primera vez pisadas, y acabé regresando a las ciudades, las grandes ciudades donde el caminar es una forma de resistencia frente al urbanismo sin escala humana y contra el “¿te gusta conducir?”; una oportunidad para provocar esos cruces imprevisibles que enriquecen la vida urbana contra quienes intentan regularla y vigilarla; una forma de ejercer ciudadanía y reapropiarnos del espacio público en la línea de lo que ya leímos antes en Mike Davis o Manuel Delgado.

 

Pots llegir l’article al complert en el diari El País. 

 

¿Estamos exterminando el arte de caminar?

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN YOROKOBU | 3 DE JUNIO DE 2014

Quiero decir unas palabras en favor de la Naturaleza, de la libertad total y el estado salvaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles. Considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad. Desearía hacer una declaración radical, si se me permite el énfasis, porque ya hay suficientes campeones de la civilización: el clérigo, el consejo escolar y cada uno de vosotros os encargaréis de defenderla.

Empezaba así Henry David Thoreau (1817-1862) un ensayo sobre Caminar. Decía el filósofo en este texto, publicado en 1862, que apenas había encontrado en su vida a una o dos personas que entendiesen el arte de caminar. Esto significaba «andar a pie» o, dicho de otro modo, «deambular: término de hermosa etimología que proviene de ‘persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse a la Tierra Santa».

Para el estadounidense el arte de caminar nada tiene que ver con un paseo, ese modo de callejear, en un ir y venir, que apenas dura una hora. «Nuestras expediciones consisten solo en dar una vuelta, y al atardecer volvemos otra vez al lugar familiar del que salimos, donde tenemos el corazón. La mitad del camino no es otra cosa que desandar lo andado. Tal vez tuviéramos que prolongar el más breve de los paseos, con imperecedero espíritu de aventura, para no volver nunca, dispuestos a que solo regresasen a nuestros afligidos reinos, como reliquias, nuestros corazones embalsamados».

Pots llegir l’article al complert a la revista de tendencias, creatividad, arquitectura, diseño, cine y televisión Yorokobu.