Turismo de cloaca: el arte de las alcantarillas de Japón

publicado originalmente en YOROKOBU |26 Febrero 2018

En su libro Psicología en el cuarto de baño, el profesor Nick Haslam dice que «es fascinante la profunda negatividad con la que asociamos ir al baño. […] Los desechos humanos son una constante preocupación para los individuos,  y nuestras actitudes y reacciones hacia ellos tienen implicaciones para nuestra salud y nuestra felicidad ». Y continúa: «A pesar de su importancia, la excreción es algo que a la gente rara vez le gusta pensar».

Sin embargo, el país nipón se ha empeñado en llevarle la contraria a esta idea y ha logrado convertir el acto de evacuar y sus procesos posteriores en algo casi placentero. Quienes hayan viajado a Japón ya habrán jugueteado con los botoncitos de sus famosos retretes eléctricos: calefacción, chorros de agua caliente, secado con aire templado, luces LED…

Una llamativa a la vez que inquietante nave Enterprise defecatoria. Pero ese cuidado de las heces no solo se lleva a cabo dentro de casa. En la calle, ocultando el oscuro mundo de las cloacas, los japoneses han creado auténticas obras de arte.

El arte de alcantarilla

Hidetoshi Ishii lleva más de veinte años buscando tapas de alcantarilla. Este cazador de sumideros urbanos comenzó su peculiar hobby en la ciudad de Ise, ya cumplidos los 40 años. Mientras paseaba por la calle, unos colores brillantes en la acera llamaron su atención: se trataba de una alcantarilla que mostraba a un grupo de peregrinos caminando al Santuario de Ise.

En una entrevista para el diario Japan Times en 2016, Ishii explicaba que, tras investigar un poco, descubrió que existían miles de alcantarillas decoradas repartidas por todo el país. «Después de verla –decía Ishii– pensé que sería interesante buscar diferentes diseños a lo largo de Japón». En el momento de la entrevista, Idetoshi Ishii había visitado cerca de 1.700 municipios de los 1.780 que forman el país.

El hobby de Ishii le debe mucho a la hiperpoblación urbana de Japón. El alcantarillado del país sería igual de soso e ignorado que en la mayoría de lugares del planeta si no hubiese sido por dos factores: la saturación de heces que empezaba a dominar los ríos de Japón en los años 70 y la creatividad de Yasutake Kameda, un alto funcionario del Ministerio de Industria.

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