Una acera fantasmal

publicado originalmente en LA VANGUARDIA | 23 DE ENERO 2018

Uno encuentra en Barcelona muy pocas aceras tan pequeñas como la de la calle Montevideo, en el barrio de Pedralbes, junto al monasterio. Y la gente que vive por los alrededores aún no entiende por qué el Ayuntamiento se empeñó en construir allí otro carril bici por donde nadie pedalea en lugar de ampliar el ridículo espacio del pavimento destinado al peatón. La anchura de la acera siquiera alcanza el medio metro en sus tramos más desahogados, dos personas no tienen modo de caminar a la par, en un punto especialmente incómodo, al pasar junto a un árbol, uno no tiene más remedio que andar de costado y destilar una buena flexibilidad o meterse en la calzada.

“Nosotros estamos a favor de la implantación de carriles bici, entendemos que son el futuro de la movilidad –asegura Luis Sanglas, de la asociación de vecinos del barrio–, pero el de la calle Montevideo no aporta nada, no cumple ninguna función, no tiene usuarios… Es como el de la calle Ganduxer, un carril fantasma”. Se trata de una infraestructura de apenas 220 metros que nace en la avenida Espasa y cuya principal utilidad es acercar un tanto a la trama urbana el carril bici de Gaspar Cassadó, el que sube de un modo muy lúdico hacia Can Carelleu. Y la verdad es que desde su puesta en marcha el pasado verano no puede decirse que haya convencido a muchos conductores de la zona de que, aunque sea de vez en cuando, se lo piensen dos veces antes de coger el coche. Al final la nueva infraestructura acaba convirtiéndose en una zona de carga y descarga clandestina. Tampoco se ve a nadie caminando por la zona.

Puedes leer el texto completo en el diario La Vanguardia. 

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